Alvaro Zardoni nació en la colonia Roma de la Ciudad de México. Estudió pintura y dibujo en el taller de Irene Lindroth de 1975 a 1981 y de 1983 a 1988. Incursiona en la escultura de manera independiente, experimentando con diferentes materiales hasta llegar al uso casi exclusivo del bronce en su obra actual. Su escultura, figurativa y de pequeño formato, se ve acompañada usualmente de diversos objetos encontrados que van reforzando el concepto que les dio origen. Hay siempre una carga psicológica y emotiva en cada una de sus piezas. Su temática de corte clásico hace referencia a contenidos mitológicos, personajes literarios o legendarios. Expone regularmente en diversas galerías, espacios oficiales, centros culturales y sitios alternativos de México y los Estados Unidos. Es arquitecto egresado de la Universidad Anáhuac (1987). Actualmente es representado por "Galleria Dante" de Puerto Vallarta, “ArteConteporaneo” de San Miguel de Allende, “Lucita Aguilera Galería” en Hermosillo, “ArtDealers” de Monterrey y Galería ISMOS en la Ciudad de México. Es miembro del Salón de la Plástica Mexicana a partir de febrero de 2006.

Ha participado a la fecha en 39 exposiciones individuales, 157 colectivas y 26 presentaciones privadas, entre las que destacan la Residencia Oficial de Los Pinos (1996), el Agora Gallery de Nueva York (2003), Museo de la Ciudad de México (2003), Universidad Autónoma Chapingo (2005), Galería Manuel García, Oaxaca (2006), Instituto Potosino de Bellas Artes, SLP (2006), Casa de la Américas de la Habana (2007), Galería Blanco, Saltillo, Coahuila (2008), Secretaría de Gobernación (2009), Meyer East Gallery de Santa Fe, Nuevo Mexico (2015).

Incluido en el Diccionario de Escultores Mexicanos del Siglo XX, Lily Kassner, CONACULTA, 2013



Textos

 

...Atrevido e innovador, Álvaro propone una conjunción perfecta entre la forma, el sentimiento y el color; a cada pieza le regala un pensamiento que las carga de emoción y fantasía...

Alina de la Llave

Ciudad de México, noviembre (2003)

 

 

...Alvaro trabaja sin condicionamientos, movido por sus emociones y necesidades creativas por encima de la “reglamentación” de la escultura. El modelado en plastilina, es un referente que tenemos todos o casi todos, que sirvió como vehículo para entender al mundo y sus formas en nuestra infancia más temprana. En mi percepción Álvaro sigue haciendo lo que muchos hicimos de niños pero con oficio, transformando el mundo cercano a través del juego y su particular sentido del humor...

...Las piezas son de pequeño formato, sin embargo cada una refleja una monumentalidad en si misma, entabla un diálogo con el espectador a partir de la percepción de cada uno de nosotros...

Darío Mijangos

Ciudad de México, noviembre (2003)

 

 

 

 

Mexican artist Alvaro Zardoni's sculptures are classical in their figurative style, but incorporate an element of fantasy and inventiveness that brings to life the ancient tradition of bronze portraiture. Using common found objects, Zardoni personalizes the characters whose faces he sculpts - giving them horns and headpieces, hairstyles and other ingenious accessories.

Zardoni's fine craftsmanship and creative use of paint and patina transform the bronze into jewels of contemporary figurative sculpture, faces imbued with psychological intrigue and latent emotion. His subjects are somewhat solemn in expression, but each reveals a playful twist -even an element of irreverence to the formal medium in which Zardoni works- through the imaginative addition of various materials, including, remarkably, chocolates and feathers…

Agora Gallery

New York, February (2004)

 

 

 

VIVIR, SENTIR, FUNDIRSE EN BRONCE CON EL MUNDO

La experiencia del encuentro no necesita palabras, no se define con el habla: se existe. Pero Alvaro Zardoni no sabe esto, efectivamente no lo sabe: lo contempla con el instinto sabio y espontáneo que le dictan sus manos.

 

El contacto que logra con el bronce es elemental, primitivo y rotundamente instantáneo, como sólo puede serlo la fugacidad del gesto que captura en el rostro de sus piezas y que, paradójicamente, quedará fundido como tal cientos, quizás miles de años... Gesto de un instante que, distraído de si mismo, hundido en quién sabe que pensamientos, tal vez ninguno, se perderá para siempre, fortuito, apenas un parpadeo que Alvaro atrapa en la mirada sutil y luminosa de sus "jades metálicos".

 

Se puede decir todo y nada acerca de la colección del Zodiaco. La obra en su conjunto conforma una extraña sintaxis visual de elementos que, por separado, serían más los objetos reales que son y que, no obstante, juntos y dispuestos como Zardoni los presenta, resultan ser la representación de una especie de mitología convocada en una gran asamblea, sin duda presidida por su primer personaje: el autor y su mundo, un mundo cuyo sutil surrealismo lúdico nos invita a soñar despiertos, volando de la ruta eclíptica que sigue el sol, por ese camino de estrellas de sus doce signos zodiacales.

 

Saetas-pincel; lunas en cuarto menguante; hachas; un pez que salta; cadenas enmohecidas; inscripciones que se cantan como poemas fundidos al rojo vivo en el bronce azul; jarrones con agua; suaves y graves, absortos o duros rostros de gestos vivos que sueñan hondamente...

 

Definitivamente la ingenuidad de Zardoni es brutal porque, quizás, como lo diría Sabines: juego a tatuar el humo... ¿esculpiendo el tiempo? (A propósito de aquella actitud de Tarkovski, donde la mismísima historia universal puede estar corriendo vertiginosa y, a la vez, no pasar nada); en donde pareciera que para Alvaro solo bastó un instante para vestir la inmensidad de los años y los sentimientos vividos, que se manifiestan en el rostro del sujeto que tenemos enfrente.

 

...sin embargo realmente ¿quién ve a quien?: ¿Nosotros miramos los rostros? O son ellos los que nos acompañan con curiosidad discreta, disfrazados de azul y de aparente inmovilidad, como nos ven las constelaciones de la bóveda celeste... ¿Es nuestra imagen a que surge de dentro de dentro el espejo al que nos asomamos en cada pieza? ¿Es en el horóscopo que nos depara el zodiaco donde intentamos reconocernos? ¿Qué vemos en las expresiones de estos rostros?

 

Lo cierto del asunto es que los bronces de Zardoni son como un sueño que se sueña en silencio, como debe ser, para mostrarnos que aquí, este texto puede perfectamente salir sobrando, pues lo único que Alvaro y sus oníricos amigos quieren, es tan sólo invitarnos a jugar.

Saúl Román Sandoval

Ciudad de México (2004)

 

...Dulce y Obscuro...

Alex Fernández Maurin

Buenos Aires (2005)

 

 

RETRATOS IMAGINARIOS

El artista revela aspectos de la realidad que el profano desconoce. En un inmenso espacio por conquistar el pintor busca un encuentro con formas inexploradas, tiende fuertes lazos imaginarios y la inventiva imprime trazos y pinceladas en la paloma de los lienzos, en los indolentes muros o en otras superficies inexpresivas. De ahí nacen en tumulto imágenes inenarrables, objetos misteriosos, sueños conmovedores, paisajes alucinantes.

 

El escultor se mueve en otro ambiente plástico. A partir de los huesos de las fieras o trozos de madera las manos mágicas de los artistas primitivos tallaron figuras portentosas (...), del manantial de la cantera Miguel Ángel liberó al David de la cárcel del mármol, y del fundido de la fragua se modelaron a lo largo de la historia ninfas, faunos y personajes clásicos y mitológicos. El escultor imprime vida al enigma de la materia inerte y diseña un universo táctil para desentrañar y descubrir objetos disimulados en la naturaleza del asombro. Ese es su propósito: develar nuevos mundos, experimentar los placeres de la libertad que fluye hacia el exterior desde su soledad interior bajo el mando del cincel y la destreza manual.

 

Sirva esto como preámbulo para presentar a un autor que hace gala de esas habilidades, a un escultor que en el fantástico regodeo de la orfebrería concibe múltiples personajes desbordantes de símbolos expresivos y rasgos psicológicos significativos. Se trata de Alvaro Zardoni, quien, en un alarde "magritteano" cincela figuras situadas al borde de la fábula y la poesía, del surrealismo y de la irrealidad: un gesto extraviado en las alturas evoca un impalpable eclipse, la elegante pose de un segmentado fumador aspira la riqueza de un tabaco sin espirales, un hombre trepanado por la cuña de la desmemoria nos conduce a los patios de la tristeza, el adormecido diletante que recibe en el oído la dulce cicuta musical en el embudo de una partitura nos sitúa en los dominios de Orfeo, la desnudada bondad y los carnosos labios de Nuestra Señora del Perdón sugieren ingresar al territorio de la sensualidad. Son algunos de los rostros andróginos de Zardoni que destacan en la ambigüedad del sexo y en los tonsurados cráneos el inenarrable lujo de la expresión...

Salvador Díaz Sánchez

Chapingo, julio (2005)

 

 

 

...Para él, la verdad de todo no está fuera de uno mismo, era absurdo buscarla en otros mundos. Era necesario dar con la gran llave, la maravillosa llave extraviada que, al penetrar por la cerradura de la frente, por el tercer ojo, como dieron en llamarle, abriera la puerta de la sabiduría para descubrir los misterios más intrincados, para tener en las manos respuestas a las incógnitas que el hombre se hace desde su nacimiento hasta su muerte, así lo plasmó en su obra el escultor Alvaro Zardoni. Dentro está la vida y la muerte. A diario vivimos y morimos un poco...

Fragmento del libro "Cuando los Muertos Hablan"

Roberto Adrián Morales

Saltillo, Coahuila (2005)

 

 

...Álvaro Zardoni, [quien] juega con diversas metáforas cinceladas en bronce... [ ]

...nos refresca la mirada con sus esculturas, en muchas de las cuales, y a no ser que me equivoque, esculpe sus mismos rasgos, ofreciéndonos una gama de gestos y de signos que logran, combinados, una mezcla delicada y fina para los sentidos. Vale la pena echarse un clavado en su serie de rostros que representa el zodiaco, donde su impronta está configurada ya, en ese bronce que no se mira nada frío.

Rubén Fischer

Ciudad de México, agosto (2006)

 

 

...J'avoue que je suis très sensible à ton art... Tes sculptures me parlent à travers leur calme, qui je pense n'est qu'apparent puisque de l'expression méditative et sereine de tes visages et de tes corp...J'avoue que je suis très sensible à ton art... Tes sculptures me parlent à travers leur calme, qui je pense n'est qu'apparent puisque de l'expression méditative et sereine de tes visages et de tes corps "détendus", se dégagent des tensions et des énergies extrêmes. Avec toi nous sommes dans un monde en appesanteur, de sensibilité et de réflexion... Je trouve ton travail moderne, contemporain et [en] même temps connecté au monde intemporel de l'antiquité...

Alexandre Kopoev

Paris, octobre (2006)

 

 

 

"Alvaro"

 

Como retratos imaginarios

cargando libros abiertos

caminan buscando en la vida

su sitio y su gran consuelo.

 

Estatuas imaginarias

que en toda su vida encierran

historias y sueños que hablan

de vidas enteras.

 

Como retratos imaginarios

que cobran vida completa

sus ojos abren y enseñan

historias de amor y de estrellas.

 

Tere Derbez

San Miguel de Allende, junio (2006)

 

 

Cíclopes, de Alvaro Zardoni

Cuando la calamidad, el olvido y la ignorancia se cernían sobre sus gigantes cabezas, fueron liberados por Zeus de los mundos inferiores. Aguerridos destinados a ver con un solo ojo, los Cíclopes no fueron del todo liberados de lo inferior a pesar de la suprema mano que los libertó. Estos enormes personajes siguieron con la suerte que les había tocado: vivir encerrados en su enormidad, donde el salvajismo y canibalismo les habitaban la personalidad, pared donde estaban condenados a vivir.

 

Salvajismo, gigantez, y un ojo para ver, cierto, pero un ojo puro, genuino, limpio. Y entonces la inspiración se le despertó al artista en las manos, que como transporte de piel de alguna forma intentaron hacer viajar al personaje desde su época mitológica hasta la actual y, me imagino, en el transcurso los rasgos fueron perdiendo un tanto su espíritu de pureza mitológica y de alguna manera mágica fueron adecuándose al tiempo de ahora, en donde aquel cíclope original parece encarnar en una especie de gigantez actual, una gigantez oculta y tergiversada tras el tamaño de un ser “normal”.

 

¿Qué es lo que nos quiere compartir Alvaro esta vez?

 

Cabezas encieladas de cabello que nos miran sobre todo con el silencioso rasgo del bronce, nos miran y a través de ellas sigue viajando un brillo invisible desde lo más profundo del movimiento, nos miran con un ojo, con una mirada… ¿con que? y ese peso que traen entre ojos, perdón, entre manos… ¿vale?... ¿es el asomo de una lejana visión o la inflexible punta de un iceberg?, y los hilos de sus cabezas peinadas con sus manos de aire ¿Qué intentan tejer en la mía esta vez? ... y su corazón imaginario, me imagino, me imagina…

 

Los Cíclopes ven de forma reconcentrada, pues han de poner en un solo ojo todo lo que son, todo lo que buscan, todo lo enorme y terrible de su forma que viene de lo más instintivo. Ésta es la mejor metáfora del proceso creador, de la lucha con la materia que todo artista emprende.

 

En esta ocasión Alvaro sigue invitándonos a mirar, como siempre, por esa mirada unidireccional, y a darnos el gusto esta vez de ver la misma exhibición presentada en dos salas distintas, en dos colores, donde la sensualidad cromática no deja de insistir, como nuestro artista, en lo fantástico.

Laura Garcés, escritora

Ciudad de México, junio (2007)

 

 

…..Alvaro Zardoni, en “Cíclopes”, analiza, a profundidad, el rostro humano. En su exposición escultórica de 30 piezas, nos presenta un juego filosófico entre el espíritu y la materia... Zardoni, con refinada ironía, nos remite a los cíclopes, personajes mitológicos de gigantes con un ojo situado en medio de la frente... Sustituye ese “ojo” por una moneda... juega con las expresiones inherentes al ser humano: la envidia, la angustia, la alegría... y las corona con esa moneda

que nos habla de la pérdida del espíritu... somos nosotros mismos, hombres y mujeres contemporáneos : nuestro rostro, un espejo que nos une y donde somos uno mismo… sugiere, también, la lucha para obtener el equilibrio entre el espíritu y el mundo material contemporáneo, que nos ahoga...

El patinado de las piezas, en dos colores, el naranja y azul, sugieren la diferencia entre el cielo y la tierra… finalmente…que somos?...

Myriam de la Riva

Salón de la Plástica Mexicana, junio (2007)

 

 

 

Álvaro Zardoni: la ironía hecha escultura.

Bajo el firmamento, en un punto de la ciudad de México, Álvaro Zardoni piensa y sueña. Dentro de sí mismo, abstraído de toda rudeza del mundo, aparecen suspendidas en una atmósfera que no es aire, algunas imágenes que sólo él puede ver en ese momento, y que son tan ligeras como el mismo humo...

 

...La pasión por la forma no es nueva en él. Álvaro Zardoni se inició como arquitecto y ahora es escultor. De los muchos espacios que tiene en su hogar, eligió uno donde crea, y desde ahí, todas las metáforas animistas, todas esas imágenes que guarda en mente, van cobrando una sensación en sus manos; y despacio pero sin pausa lo que era inanimado y lo rondaba en su persona, va cobrando cuerpo y propiedad, como si se tratara del nacimiento de un nuevo ser.

 

Mira atento y sin distracción la voluntad que pone en movimiento a través de sus manos. Cuando la figura de plastilina está terminada, comienza una serie de procesos distintos de preparación de pastas, ceras, moldes, fundición de metales y colocación de ácidos, así como eliminación de impurezas. Todo para que quede una acertada y expresiva pieza de bronce. Álvaro Zardoni tiene una marcada preferencia por lo figurativo y ha hecho de la cabeza y el rostro humano su devoción primaria. Hay una marcada tendencia autorreferencial, muchas esculturas son la representación de su rostro: casi siempre de expresión serena y dotadas de gran imaginería, rodeadas de elementos simbólicos, como una que lo representa a él con una pequeña escalinata que le va rodeando el cuello y con otra escalera vertical que la recarga al pómulo derecho de la pieza.

 

Ahora Álvaro Zardoni deja la habitual expresión de serenidad de sus piezas y crea rostros de distintos grupos étnicos con acentuadas expresiones que refieren a una muestra variada de estados de ánimo. Cada pieza es un cíclope, sólo que en lugar de tener un ojo en medio de la frente, tienen colocada una moneda. No hay duda del significado: una sociedad global materialista. Esta representación hecha con humor está destinada a narrar el rasgo esencial de esta época. Álvaro Zardoni en esta ocasión no presenta lo sereno, lo bello o lo sensual, sino la ironía hecha escultura. Esto sin duda lo convierte en un artista moderno. Y si alguien tiene duda de la legitimidad y los alcances de su ironía, basta con visitarlo para ver su puerta de lomo de vaca y luego entrar al apartamento.

Sebastián Castrejón, escritor

Ciudad de México, junio (2007)

 

 

 

Álvaro Zardoni, el enfant terrible del modelo escultórico

Si bien el desempeño de Zardoni en el campo del arte actual, le puede calificar como uno de los jóvenes valores, la escultura contemporánea mexicana escribe ya su nombre junto al de los hermanos Javier y Jorge Marín, pues en la tríada se reconoce el hábil trabajo basado en la influencia clásica. Estudiante de arquitectura de la Universidad Anáhuac, se dedicó sólo durante algún periodo de su vida a ejercer tal profesión, el motivo se originó desde su infancia cuando tomaba como entretenimiento pasar gran parte del día modelando plastilina. El azar o el destino –cada quien puede apostar-, llevaron a alguien ajeno a la parafernalia del mundo del arte a conocer los procesos de las fundiciones, aleaciones, técnicas y materiales que cuentan apenas con una trayectoria de seis mil años de recorrido.

El restaurante Agapi mu –de la Colonia Condesa, especializado en comida griega (que en la viña del arte vigente ha tenido una importante labor, aunque de nulo registro)-, fue el espacio que le abrió las puertas a fin de realizar su primera exposición, si bien de carácter informal, le redituó al joven artista darse por enterado de algo que ni siquiera imaginaba: aquello que era un pasatiempo, empezó a ser cotizado por la gente y a la vez por galerías tanto nacionales (principalmente en Puerto Vallarta, Jalisco y San Miguel de Allende, Guanajuato) como del extranjero.

 

Si bien el trabajo de Zardoni se especializa en cabezas, puede decirse que su rasgo distintivo es -a diferencia de la mayoría de los trabajos basados en el canon-, la intencionalidad enfocada en la expresión, la emoción y la psicología; más que rostros idealizados, se trata de máscaras que se rebelan a la firma del Belvedere, a fin de humanizar el canon de la belleza y de aterrizarlo en el océano de las emociones y no sólo en la regla de las proporciones; de tal manera se identifica una capacidad de observación combinada con el conocimiento anatómico y fisiológico de los músculos del rostro, con la psicología de la mirada y la intención del gesto.

 

Su trabajo prefiere representar al hombre –pocas veces al andrógino- y me atrevería decir que casi nunca a la mujer. El hombre visto desde una localización universal, sin orgullos nacionalistas, sino con la identificación del que retrata al género más que a la construcción idealizada e ideologizada. No hay aquí la supravaloración sino de la multiculturalidad, incluso pareciera estar la intención de contraponer a la belleza ideal, sino la imagen cotidiana, sí los distintos tipos de presencias (más que de primitivismos), a través de los rasgos particulares de asiáticos, africanos, sajones o latinos -curiosamente todos tan iguales, salvo por detalles milenarios-.

 

Los rasgos refuerzan la intención de particularizar lo homogéneo del ser humano, al convertir a la superficie escultórica, en nicho contenedor de “otredades”, a través de monedas, libros, plumas, chocolates, zippers, bolas, lentes, turbantes, papel, o incluso otras piezas escultóricas, que más que elementos decorativos, se trata de rasgos vinculantes. En este caso, las monedas, son de las que quedan como sobrantes en el bolsillo del viajero que regresa de otro país, donde el comercio actúa sino como una de las maneras más antiguas de comunicar a un pueblo con otro.

La interrogante queda en saber si Zardoni se enfrenta a las lecciones de Fidias, Policleto o Praxíteles, o bien si se trata de un paréntesis de originalidad envuelto en un lapso de gesticulación.

Toño Cedeño

Ciudad de México, mayo (2008)

 

 

 

Fantigati | Alvaro Zardoni

Rompiendo la línea de su obra anterior, Zardoni se da un respiro de la figura humana creando esta serie de siete felinos fantásticos que acotan su año del zodiaco chino pero de forma lúdica. Su colección alude a dichos de la cultura popular como el “Ponerle el cascabel al gato” “Dar gato por liebre” “De noche todos los gatos son pardos” “Un ojo al gato y otro al garabato” y con símbolos universales de dualidad, equilibrio y buena fortuna como los gatos que surgen del símbolo ying-yang y el gato de doble cabeza con tréboles.

 

De noche NO todos los gatos son pardos: “Candelabro” tiene su propia luz que alumbra el camino con su cola serpenteada. “Dragonfly” se torna erguido como aquellas esculturas de gatos faraónicos. Otro de ellos se enfunda en una coraza como si de un disfraz se tratara, y nos da gato por… ¡Caracol!. “Garabato” bien podría vivir en el agua y confundir su propia cola con la de un pez, mordiéndose a sí mismo. Zardoni altera la forma de concebir al bronce dotándolo de movilidad como el gato “Juguete”: la escultura no sólo se sostiene en bases de mármol, sino también en cuatro llantas.

Marco Sándor

Ciudad de México, abril (2012)

 

Revisiones en Bronce

El Mediterraneísmo es un término usado para designar especialmente a los artistas plásticos del movimiento Noucentista del ambiente Catalán: los pintores Joaquín Torres García, Joaquim Sunyer y José María Sert; los escultores José Clarà, Manolo Hugué, Enric Casanovas, Julio González, Pablo Gargallo y Cristino Mallo.

El catalán-francés Arístides Maillol, de una generación anterior, ha sido asociado a la estética de este movimiento. Entre los músicos estarían Oscar Esplá, Joaquín Turina y Conrado del Campo. Coetáneo de éstos fue el gran violoncelista Pau Casals.

El maestro Zardoni recrea y hace propia esta corriente artística, sus formas evocan el pasaje mediterráneo con el realismo enmarcado en sus rostros y gatos y que desempeña una representación onírica característica de un trabajo propio y de un oficio dominado por la disciplina de años en el estudio y taller de fundición. Zardoni nos recuerda todo el conjunto mediterráneo de principios del siglo pasado. Su lenguaje nos insinúa largos viajes a Grecia y Roma, físicos o literarios, de donde crece y se desarrolla la actual sociedad moderna, base sólida de nuestra cultura occidental.

Arturo Rodríguez

Ciudad de México, marzo (2015)

 

Alvaro Zardoni: padre de tzompantlis encarnados. Cabezas alegóricas, de mitos intemporales, en estrategias de tiempo y ajedrez.

Ki Victorieux

Ciudad de México, julio (2016)